Entre tres primates, una red cerebral vinculada al procesamiento de sí cambia en sus conexiones
Imágenes de humanos, chimpancés y macacos muestran rasgos locales conservados y conexiones distantes reorganizadas; el estudio no midió la conciencia.

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El cerebro humano no creó desde cero todas las estructuras relacionadas con el procesamiento de información sobre el propio cuerpo y la propia persona. Una comparación de imágenes cerebrales de humanos, chimpancés y macacos halló características locales semejantes entre especies, pero diferencias en la conexión entre regiones lejanas. Publicado en el Journal of Neuroscience, el análisis describe la arquitectura de una red propuesta para ese procesamiento; no mide la experiencia subjetiva ni demuestra que una especie tenga más conciencia que otra.
El equipo dirigido por Ning Liu, del Instituto de Biofísica de la Academia China de Ciencias, examinó imágenes de 46 humanos, 46 chimpancés y 43 macacos. Partió de un conjunto de regiones humanas asociadas en estudios previos con la percepción del estado interno del cuerpo, la información externa relacionada con uno mismo y la reflexión sobre sí. Para encontrar regiones comparables en los demás cerebros, empleó patrones de conexión con 42 grandes tractos de sustancia blanca —las fibras que unen partes del cerebro— compartidos por las tres especies.
A escala local, un contraste de resonancia magnética sensible a la mielina, la cubierta de las fibras nerviosas, mostró una distribución espacial muy semejante en los mapas de humanos y macacos; patrones comparables de expresión génica también presentaron conservación parcial. Esas medidas describen el tejido, no el desempeño en tareas de comportamiento. Sin embargo, a escala de las conexiones entre regiones distantes, la organización varió más entre especies, con los chimpancés en una posición intermedia dentro del patrón general examinado.
Las diferencias no fueron uniformes. En subdivisiones de la red definidas a partir de investigaciones humanas, los mapas asociados con señales del interior del cuerpo se parecían más entre macacos y chimpancés; para información externa relacionada con el propio individuo, chimpancés y humanos eran más próximos. La subdivisión asociada con la reflexión mental sobre sí mostró una separación mayor. También cambió la ubicación de los puntos más conectados: desde la ínsula en los macacos hacia la corteza cingulada en los humanos, con ambas zonas representadas entre los chimpancés.
La conclusión más acotada es que la semejanza de algunos rasgos locales no implica necesariamente la misma organización de las conexiones a gran escala. El mapa plantea hipótesis comprobables sobre la evolución de circuitos, pero ubicar una región dentro de una red definida en humanos no demuestra que desempeñe la misma función en todos los primates. Relacionar las diferencias anatómicas con tareas y comportamientos medidos será el siguiente paso para entender qué cambiaron en la vida de los animales.
Puntos esenciales
- Se compararon imágenes de 46 humanos, 46 chimpancés y 43 macacos mediante 42 tractos de conexión compartidos.
- Algunos rasgos locales se conservaron parcialmente, mientras que las conexiones distantes y los centros de la red variaron entre especies.
- Los mapas anatómicos no miden conciencia ni comportamiento; hacen falta pruebas funcionales para vincular estructura y cognición.

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