Genomas y fósiles apuntan a Europa como cuna probable de los murciélagos
Una reconstrucción que reúne a todas las familias actuales modifica el mapa del inicio de este linaje. También sitúa la orientación por ecos antes de la diversificación de los grupos modernos.

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La historia de los murciélagos pudo haber comenzado en Europa, antes de que sus descendientes se extendieran por el mundo. Ese es el origen favorecido por una reconstrucción publicada el 23 de septiembre en Nature, que reunió genomas de 103 especies e información anatómica de animales actuales y fósiles. El resultado nace de combinar vestigios: parentesco conservado en el ADN, formas de los cuerpos y ubicación de animales que vivieron en el pasado. Juntos, esos registros permiten investigar dónde estaban los primeros linajes y cómo adquirieron su diversidad.
El vuelo ayudó a los murciélagos a llegar a lugares muy distantes, por lo que su distribución actual resulta insuficiente para localizar el origen del grupo. Son los únicos mamíferos con vuelo propulsado y hoy viven en todos los continentes excepto la Antártida. Sus más de 1.500 especies incluyen consumidores de insectos, frutos, néctar y otros alimentos. Para reconstruir esta historia, hay que distinguir la dispersión posterior de la región ocupada por los primeros integrantes del linaje, además de afrontar un registro fósil escaso y relaciones genéticas difíciles de resolver.
El equipo internacional del consorcio Bat1K, en un trabajo firmado por Ariadna E. Morales y colaboradores, comenzó por mejorar la comparación genética. Un genoma de referencia es un ensamblaje organizado de la secuencia de ADN que sirve de base para localizar y comparar segmentos entre animales. En este estudio, los ensamblajes alcanzaron la escala de los cromosomas, las estructuras en las que se organiza el ADN. Eso permite comparar segmentos dentro de una estructura más continua, en vez de depender únicamente de muchos fragmentos separados.
Las 103 especies representaban a las 21 familias reconocidas de murciélagos, y para el trabajo se produjeron 42 ensamblajes genómicos. Los investigadores utilizaron regiones del ADN consideradas neutras, menos directamente moldeadas por la selección de una función concreta, para estimar relaciones de ascendencia. El árbol resultante, llamado filogenia, indica qué linajes comparten antepasados más próximos. No todas las partes del genoma cuentan exactamente la misma historia: las separaciones rápidas entre linajes, los cruces antiguos y las semejanzas que evolucionan de forma independiente pueden generar señales contradictorias.
Los fósiles añadieron referencias de tiempo y lugar a la comparación. El conjunto anatómico reunió 699 características en 65 especies, incluidas 44 especies fósiles. La forma de cada ejemplar ayuda a situarlo en el árbol; su edad indica cuándo ya existía un linaje; y el lugar donde fue encontrado registra una presencia geográfica. Los modelos combinan esa información para estimar tiempos, parentescos y desplazamientos, teniendo en cuenta que los linajes aparecen, desaparecen y dejan un registro incompleto.
Al integrar esta información, la reconstrucción favoreció a Europa como región de origen a finales del Paleoceno, época geológica que terminó hace unos 56 millones de años. Hipótesis anteriores habían señalado América del Norte, África o Asia. El nuevo análisis también acortó las ramas iniciales sin representantes fósiles en comparación con estimaciones basadas únicamente en moléculas. La inclusión de los ejemplares conservados modificó, por tanto, tanto la geografía propuesta como la duración estimada de los tramos más antiguos de esta historia.
Otro resultado se refiere a la ecolocalización: producir sonidos e interpretar sus ecos para localizar obstáculos y presas. En la modalidad examinada, los sonidos se generan en la laringe. La posición de los fósiles en el árbol indica que esta capacidad precedió a la diversificación de las familias actuales, al igual que el vuelo ya formaba parte de la historia temprana del grupo. El análisis aún no determina cuál de las dos habilidades apareció primero, una pregunta que exige conocer mejor a los animales cercanos al origen del linaje.
El origen europeo es una inferencia que depende de los fósiles disponibles y de los modelos utilizados para organizarlos; el animal de transición que permitiría seguir el surgimiento de los murciélagos continúa siendo desconocido. La aportación del nuevo árbol es ofrecer una estructura más consistente para investigar ese vacío y entender cómo se distribuyeron entre los linajes el vuelo, la orientación por ecos y otras características. Al reunir parentesco, anatomía y ubicación, la investigación conecta preguntas que antes se examinaban con piezas más separadas del pasado.
Puntos esenciales
- El análisis integrado favorece un origen europeo de los murciélagos a finales del Paleoceno, época que terminó hace unos 56 millones de años.
- Los genomas de 103 especies se combinaron con la anatomía de animales actuales y fósiles, que aportan referencias de edad y ubicación.
- La ecolocalización laríngea habría precedido a la diversificación de las familias actuales; el orden de aparición entre esta capacidad y el vuelo sigue abierto.

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