El Niño se intensifica y los pronósticos apuntan a un episodio muy fuerte
El calentamiento del Pacífico ya va acompañado de cambios en los vientos y las lluvias. Sin embargo, la intensidad máxima del episodio aún depende de su evolución en los próximos meses.

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Las zonas central y oriental del Pacífico ecuatorial están más calientes que el promedio, y la atmósfera ya responde: los vientos y las áreas de lluvia se reorganizan sobre el océano. El boletín del 21 de septiembre de la agencia estadounidense NOAA confirma la presencia de El Niño y mantiene un pronóstico emitido el día 10: la probabilidad de un episodio muy fuerte durante el otoño y el invierno del hemisferio norte, entre 2026 y 2027, supera el 90%.
El Niño es una transformación conjunta del océano y de la circulación del aire. Habitualmente, los vientos alisios empujan el agua cálida de la superficie hacia el oeste, en dirección a Asia y Oceanía. Cuando esos vientos se debilitan, el calor se extiende más hacia el centro y el este del Pacífico, y el ascenso de agua fría desde las profundidades cerca de Sudamérica pierde eficacia. Esta redistribución también contribuye a cambiar dónde asciende el aire y se produce lluvia.
Las señales descritas por la NOAA ya muestran esa reorganización. En los 30 días analizados en el boletín, la formación de nubes y las lluvias estuvieron por encima del promedio en una franja que va desde la línea internacional de cambio de fecha hasta el Pacífico oriental, y por debajo del promedio en zonas de Indonesia, el sur de Filipinas y Papúa Nueva Guinea. Al desplazar las regiones donde el aire asciende con intensidad, el calentamiento del océano modifica la circulación atmosférica y puede repercutir en lugares alejados del Pacífico.
Para seguir la transformación, las redes de observación miden la temperatura del agua, las corrientes y los vientos. Las boyas transmiten esa información a diario. Una de las áreas utilizadas en la evaluación, denominada Niño 3.4, ocupa una franja ecuatorial del centro y el este del Pacífico. La diferencia entre su temperatura superficial y el promedio climático indica cuánto más caliente o más fría está el agua respecto de la referencia.
La intensidad de un episodio también depende de cuánto tiempo persiste esa diferencia. En la evaluación de la NOAA, un índice relativo descuenta el calentamiento promedio de los océanos tropicales y sigue la evolución mediante promedios de tres meses. Ese descuento ayuda a distinguir el calentamiento propio de esa franja del Pacífico del que comparte con la región tropical. La clasificación presentada por CCSR–IRI, centro de investigación y predicción climática de la Universidad de Columbia, también compara la temperatura de Niño 3.4 con una referencia climática, pero sin ese mismo ajuste relativo.
Pese a los distintos criterios, los pronósticos coinciden en apuntar a un episodio intenso. En la actualización del IRI del 21 de septiembre, los 22 modelos reunidos por el centro proyectan condiciones clasificadas como muy fuertes desde septiembre–noviembre de 2026 hasta diciembre de 2026–febrero de 2027. Son distintas proyecciones del mismo fenómeno; su precisión varía entre modelos y tiende a disminuir cuando intentan anticipar períodos más lejanos.
El seguimiento de los próximos meses mostrará la intensidad que mantiene El Niño, algo que una temperatura diaria aislada no permite determinar. Para prepararse, ya resulta relevante la combinación de cambios observados y previsión estacional: orienta la atención hacia la disponibilidad de agua y la producción de alimentos. Las expectativas de lluvia en una ciudad o una zona agrícola, por su parte, requieren pronósticos de la propia región.
Puntos esenciales
- El boletín de la NOAA del 21 de septiembre confirma El Niño y cambios asociados en los vientos y las lluvias del Pacífico.
- El pronóstico emitido el 10 de septiembre atribuye más de un 90% de probabilidad a un episodio muy fuerte durante el otoño y el invierno del hemisferio norte de 2026–2027.
- La evaluación de la intensidad se basa en promedios de varios meses y criterios de comparación, no en una temperatura diaria aislada.

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