El carbón dibuja diez mil años de fuego en la Amazonia
Una reconstrucción con 1.345 dataciones sigue el fuego humano desde los márgenes hacia el interior y revela vacíos de la cronología.

Antes de los satélites, la historia del fuego amazónico quedó en fragmentos de carbón del suelo y materiales quemados de sitios arqueológicos. Crystal N. H. McMichael, Britte M. Heijink, Nina H. Witteveen, Annabel Zwarts y Mark B. Bush reunieron esas pruebas de diez milenios. El artículo apareció en Frontiers of Biogeography, de Pensoft Publishers; la nota institucional de Pensoft difundida por EurekAlert no tiene firma individual de reportero.
El conjunto contiene 1.345 fechas calibradas de carbono 14 procedentes de 303 lugares. El carbono 14 es una forma radiactiva del carbono cuya disminución predecible permite estimar la edad de materia orgánica; la calibración corrige variaciones históricas de la atmósfera. Al cartografiar las probabilidades, el equipo creó una pirogeografía: distribución espacial y temporal del fuego.
La secuencia no comienza en el centro del bosque. Los registros más antiguos se agrupan en los bordes amazónicos y junto al canal principal del río. La expansión geográfica se aprecia hace unos seis mil años y, hace dos a tres mil años, el material quemado ya aparece en todas las regiones analizadas, incluido el interior. Los autores relacionan el patrón con asentamiento, cultivo y manejo humano, no con una ola uniforme de incendios naturales.
Después, un descenso en dos etapas cambia la cronología. La frecuencia cae aproximadamente entre 700 y 500 años atrás, antes de la llegada europea, y otra vez en los últimos cuatro siglos, cuando epidemias, violencia y desplazamientos de la colonización redujeron las poblaciones indígenas. La primera caída coincide con el abandono temprano de algunos lugares; la segunda, con el colapso demográfico llamado “gran mortandad”.
Esto no convierte toda la Amazonia en un paisaje artificial ni equipara el fuego indígena antiguo con la deforestación moderna. El método mide la presencia relativa de material fechable, no la superficie quemada, la intensidad de cada incendio o la población exacta. Las regiones más estudiadas pueden pesar más en el registro, y un carbón localizado no representa por sí solo toda la cuenca.
La perspectiva histórica sí modifica la pregunta de conservación. Un bosque puede conservar legados de manejo humano y seguir siendo vulnerable a incendios modernos intensificados por tala, fragmentación y calentamiento. Revisiones previas de Mark Bush y colegas ya subrayaban que el fuego natural es raro en el núcleo húmedo amazónico y que clima y uso del suelo interactúan.
La conclusión sustentada es que el fuego iniciado por personas se extendió de forma desigual durante el Holoceno —época geológica iniciada hace unos 11.700 años— y contribuyó a estructurar bosques actuales, sobre todo en los dos últimos milenios. Los datos no cuantifican toda el área transformada ni justifican trasladar prácticas antiguas al presente. Falta separar mejor población, clima y sesgo de muestreo en cada región.
Puntos esenciales
- Se combinaron 1.345 dataciones de carbono 14 de 303 lugares amazónicos.
- El fuego avanzó desde bordes y grandes ríos hacia el interior, especialmente en los últimos dos o tres milenios.
- Las fechas señalan presencia y frecuencia relativa, no superficie quemada ni población exacta.
