Un átomo cayó por dos caminos y su fase cuántica siguió a Einstein
Un interferómetro con unos 20.000 átomos de rubidio midió la fase de una onda en caída libre y halló la dependencia temporal prevista; la prueba no cuantiza la gravedad.

¿Cómo se compara una caída vista desde el laboratorio con la misma caída vista por quien está cayendo? Un equipo internacional convirtió esa pregunta de Einstein en un interferómetro de átomos. En una trayectoria, la onda asociada a cada átomo de rubidio-87 permaneció casi inmóvil respecto de la Tierra; en la otra, recibió un breve impulso ascendente y luego describió una parábola bajo la gravedad. Al reunir los caminos, los investigadores midieron la diferencia de fase acumulada. El resultado, publicado el 2 de septiembre en Science Advances, siguió la dependencia temporal que predice el principio de equivalencia en el régimen examinado.
El experimento comenzó con un condensado de Bose–Einstein de aproximadamente 20.000 átomos, colimado hasta una temperatura efectiva de 3,3 nanokelvin. La nube estaba unos 113 micrómetros debajo de un chip atómico. Pulsos de microondas pusieron cada átomo en una superposición de dos estados internos. Como esos estados responden de forma distinta a los campos magnéticos, cables microscópicos del chip pudieron sostener un paquete de ondas contra la gravedad y lanzar el segundo a una trayectoria balística. En el ejemplo del artículo, la separación máxima alcanzó 7,5 micrómetros, unas siete veces el tamaño del paquete.
La magnitud decisiva no era la distancia de caída, sino la fase: la posición dentro del ciclo de una onda cuántica. Cuando los paquetes volvieron a coincidir en posición y velocidad, un pulso los recombinó y produjo interferencia. La fracción de átomos detectada en cada estado reveló la fase relativa. Al variar el tiempo de vuelo, el equipo observó la señal cúbica: la fase creció con el cubo del tiempo, tal como predice la transformación entre el marco del laboratorio y uno en caída libre. Los datos abarcaron casi 80 radianes, unas 13 oscilaciones de interferencia, en sesiones de medición de tres a seis horas.
Ese crecimiento cúbico depende de igualar la masa inercial, que mide la resistencia a la aceleración, con la masa gravitacional, que determina la respuesta al campo terrestre. Su igualdad es el núcleo del principio de equivalencia. En un marco que cae con el paquete balístico, la gravedad desaparece localmente; en el laboratorio, la misma evolución se manifiesta como una fase adicional. El nuevo aparato, llamado Interferómetro Cuántico de Galileo, compara directamente ambos marcos sin usar pulsos de luz como espejos de las trayectorias atómicas. Los campos magnéticos manipulan los paquetes, pero no necesitan mantenerse en resonancia con una transición atómica durante la caída.
Un modelo analítico idealizado y una simulación que incorporó movimiento tridimensional, recombinación imperfecta, expansión de los paquetes e interacciones entre átomos reprodujeron los datos. Los residuos entre la simulación y las mediciones rondaron el 2,5%. La principal incertidumbre sistemática procedió de la proporción entre las corrientes usadas para impulsar y sostener los paquetes: un pequeño desajuste añade una fase que crece linealmente con el tiempo. Por tanto, el acuerdo confirma la fase prevista para este aparato y este intervalo de parámetros; no examina toda posible violación de la equivalencia con la precisión de las mejores pruebas clásicas.
El resultado tampoco demuestra que la gravedad esté cuantizada. El campo gravitacional terrestre entró como fondo clásico; no fue puesto en superposición ni alterado de manera mensurable por los átomos. La novedad es más acotada y concreta: una onda de materia en superposición conservó la relación de fase exigida por la equivalencia entre gravedad y aceleración. La medición conecta dos descripciones que suelen estudiarse por separado, pero no aporta por sí sola una teoría común de la relatividad general y la mecánica cuántica.
La arquitectura abre una vía experimental hacia preguntas más difíciles. Los autores proponen manipular ondas que actúen como relojes cuánticos y sustituir algún día los átomos por nanopartículas mucho más masivas. Tales sistemas podrían hacer de la propia masa un participante relevante de la superposición y sondear propuestas de colapso inducido por la gravedad. Antes de llegar allí, el Interferómetro Cuántico de Galileo ya ofrece una referencia medible: cuando un átomo ocupa a la vez un camino sostenido y otro en caída libre, la fase entre ambos evoluciona como Einstein y la mecánica cuántica predicen conjuntamente.
Puntos esenciales
- Unos 20.000 átomos de rubidio-87 se dividieron entre una trayectoria sostenida y otra en caída libre.
- La fase relativa creció con el cubo del tiempo y llegó a casi 80 radianes; los residuos del modelo rondaron el 2,5%.
- La prueba confirma la predicción de equivalencia en este montaje, pero no cuantiza la gravedad ni unifica ambas teorías.

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